INVESTIGACIÓN

Líneas de investigación: naturalezas híbridas y materialidades antropogénicas

La naturaleza ya no puede pensarse al margen de los procesos antropogénicos. Plásticos, microplásticos, PFAS, pesticidas, isótopos radiactivos y otras materialidades inéditas circulan a escala planetaria, se incorporan a los organismos y transforman suelos, aguas y atmósferas. No se trata solamente de contaminantes externos: forman parte de los ambientes y cuerpos que habitamos, muchas veces de manera irreversible y con efectos que rebasan nuestras capacidades técnicas y políticas.

Arte+Ciencia estudia estos procesos desde una perspectiva transdisciplinaria que reúne filosofía, ciencias, artes y humanidades. Nos interesa comprender cómo estas materialidades transforman la naturaleza, la cultura material y la vida cotidiana, pero también cómo modifican nuestras ideas de cuerpo, organismo, ambiente, técnica y residuo. ¿Qué es una olla de barro que contiene PFAS? ¿Cómo cambia una práctica artesanal cuando se transforman los suelos, las arcillas, los pigmentos o las fibras con las que trabaja?

La investigación se concentra en objetos, ambientes y territorios específicos. Analizamos artesanías, objetos industriales, residuos, suelos, aguas y organismos para reconstruir las redes de producción, dispersión, uso y desecho que los conforman, en espacios de hibridación donde naturalezas y culturas, organismos y tecnologías, procesos ecológicos y economías materiales se vuelven inseparables.

Uno de nuestros ejes centrales es la transformación de la cultura material. Las prácticas artesanales y las artes populares no permanecen intactas frente a los cambios ambientales: se modifican los yacimientos cerámicos, las tierras, las fibras, los pigmentos y las técnicas. Por ello, estudiamos las biografías de los objetos y las relaciones entre materia, trabajo, conocimiento, memoria y territorio.

También investigamos las manifestaciones artísticas que trabajan con ecologías alteradas, materiales antropogénicos y representaciones de la naturaleza. El arte no aparece aquí como una simple ilustración de datos científicos, sino como una forma de investigación capaz de producir dispositivos, imágenes, interfaces, archivos y experiencias sensibles para hacer visibles procesos que muchas veces permanecen ocultos.

Desde esta perspectiva, el residuo no es solamente aquello que sobra. Los microplásticos, por ejemplo, son al mismo tiempo materia, proceso, transformación ambiental y forma de agencia. Persisten, circulan, se fragmentan y entran en nuevas relaciones con organismos y ecosistemas.

Nuestro trabajo busca desarrollar metodologías que integren investigación filosófica, análisis científico, creación artística y participación pública. A través de publicaciones, talleres, exposiciones, dispositivos de visualización, prácticas de ciencia ciudadana e investigación de campo, buscamos contribuir a una comprensión crítica y plural de la transformación del mundo natural.

Más que ofrecer respuestas generales, Arte+Ciencia trabaja desde contextos concretos. Nos interesa comprender de qué maneras se producen técnica, política y materialmente las realidades que habitamos, y cómo podemos imaginar otras formas de relación entre cuerpos, objetos, comunidades y ambientes.

Espacios de resistencia

El espacio como concepto filosófico ha pasado por importantes cuestionamientos y ha llegado a adquirir centralidad en los debates contemporáneos. Desde la historia de las ideas, podríamos analizar las condiciones de emergencia del reposicionamiento de este concepto. Habría cuando menos dos condiciones fundamentales: la interrogación sobre el espacio matemático, su continuidad y extensión; y el resquebrajamiento de la subjetividad, a la cual el espacio pertenecía como parte de la posibilidad de comprensión del mundo.

Ni espacio matemático, ni subjetivo, es decir, ni algo cuantificable y divisible, ni tampoco algo vacío como mera estructura; la reconsideración del espacio como categoría ontológica ha implicado volverlo a ligar al tiempo, temporizarlo, hacerlo el resultado de interrelaciones y de una construcción constante. El espacio no está meramente allí, sino que viene a ser, es abierto y se constituye también según las entidades que en él se dan.

Si la idea de espacialidad había excluido la temporalidad, se trata de ahora entender el movimiento, la historización y la temporalización de lo que parecía neutro, vacío y simplemente dado. El espacio está investido, no es un a priori y es algo que se construye por negociaciones; el ámbito de lo político es en esto ineludible.

Desde la propuesta de filosofía natural que estamos siguiendo, pretendemos pensar el espacio en la temporalización tomando como horizonte de reflexión la ecología y la evolución. Buscando tener una aproximación más específica a la materialidad concreta, hemos de abrir el tema del espacio acotándolo en términos evolutivos y ecológicos para pensar la relación condicionado-condicionante en la espaciación, esto es, de qué modo los organismos vivos condicionan el ambiente, al tiempo que éste es condicionado por aquéllos.

En el contexto de la renovación de las discusiones académicas sobre “evolución de las especies”, la importancia de los organismos como sistemas integrados que se desarrollan ontogenéticamente –es decir, despliegan complejidad estructural y funcional conforme crecen a lo largo de su tiempo de vida– y que responden plásticamente al ambiente que ellos mismos modifican con sus propias actividades, resultan centrales. Dentro de la estructura teórica en ciernes que representa la “Síntesis Evolutiva Extendida”, la noción de reciprocidad causal entre organismo(s) y ambiente(s) y su concepto complementario –según el cual el desarrollo ontogenético es en sí mismo constructor de los detalles estructurales/funcionales del organismo (ya que éstos no se encuentran 'codificados' exhaustivamente en el genoma)– se siguen perfeccionando a través de conjuntos de investigaciones, en las que hemos de incluir la idea de espaciación para replantear la relación condicionado-condicionante.

También incorporaremos la idea de construcción de nicho, pues nos permite hacer preguntas concretas en relación al papel que los organismos juegan en la producción de su espacio y cómo está directamente relacionado con el proceso adaptativo y con la herencia ecológica.

Lo anterior se engarza con las discusiones en el mundo del arte. En el siglo XX las nociones evolutivas de selección y mutación se incluyen en fórmulas artísticas que replantean la configuración de espacios y su intervención más allá de las limitantes del museo y la galería. Hay que tematizar explícitamente el espacio y el medio como materiales propios de la plástica.

Líneas generales de investigación en filosofía natural, arte y ciencia (2018-2023)

Durante el siglo XX en la filosofía continental las ontologías del lenguaje y la historia tuvieron un lugar preponderante, y aunque hay excepciones, como en H. Bergson, H. Plessner o N. Hartmann, es posible decir que el siglo recién terminado estuvo dominado por la reflexión del lenguaje y la historia. En las últimas décadas ha comenzado a haber un giro en la filosofía continental y el tema de la vida y de la naturaleza comienza a convertirse en un lugar común. El modo de aproximarse al tema de la vida y la naturaleza desde la ontología, se distingue de las preocupaciones epistemológicas que suelen caracterizar a la filosofía de la ciencia y de la reciente filosofía de la biología. El modo en que pueda operar y construirse una ontología que toma lo vivo como su horizonte, es precisamente lo que hay que investigar.

En este proyecto se buscará proponer que:

1) El sitio privilegiado para esbozar la pregunta ontológica ha dejado de ser la cultura humana (ya sea el lenguaje, el arte o la historia).

2) Que las condiciones de emergencia de este giro tienen que ser aún investigadas, sin embargo, se puede avanzar el planteamiento de que los cambios materiales son tan contundentes en el siglo XX que se ha vuelto menester volver a preguntar desde el mundo natural, justo ahora que parece que los últimos rincones del mundo natural desaparecen frenéticamente. El crecimiento masivo de las ciudades occidentales y orientales en el siglo XX, la demanda de alimento y la alienación frente al mismo, la desaparición de los animales de las ciudades, el nacimiento de la biotecnología, el carácter casi omniabarcante de la tecnología, la destrucción del medio ambiente, los temas de sustentabilidad, el grado creciente de artificialidad del mundo al que nos enfrentamos, todo esto parece conducirnos a la necesaria e ineludible pregunta acerca de la vida y de la naturaleza. Por ello, comienzan a surgir una tras otra biopolíticas, bioéticas, biofilosofías, bioarte, filosofías del animal, filosofías de la planta, historia y teoría del arte desde la biotecnología, y filosofías de los medios y las mediaciones tecnológicas, artificiales y biológicas.

3) Que el modo de preguntar ontológicamente por lo real en el siglo XXI está obligado a hacerlo desde la materia, desde la naturaleza, desde la vida pero en términos muy distintos al antecedente inmediato, es decir, a las filosofías naturales del siglo XIX, ya que la relación que establecemos en la actualidad con las ciencias y las tecnologías desde las humanidades (e incluso desde la vida cotidiana) es radicalmente distinto, dada la tecnologización rampante del mundo urbano, la ultra especialización de la ciencia, los movimientos de DIY (do it yourself, hágalo usted mismo) dentro de las ciencias biológicas, por ejemplo, la llamada “biología de garaje”, los desafíos de proyectos sobre vida artificial e inteligencia artificial, el ADN recombinante, la manipulación de organismos vivos a nivel genético con intenciones epistémicas, económicas y/o estéticas y un muy largo etcétera.

4) Que el arte, con la preponderancia que tuvo en las ontologías del siglo XX, ha de ser pensado también ontológicamente desde una filosofía natural, pero no en términos modernos, no como objeto estético separado, delimitado y definible, sino como un modo de tratar con lo real sensible, con el mundo sensible a partir de procedimientos y procesos marcados hoy por la hibridación, no sólo de técnicas y saberes grupales y colectivos, sino también de públicos y espectadores, productores, espacios de exhibición, etc. Los territorios del arte aparecen hoy más bien como procesos abiertos, la frontera entre arte, ciencia, tecnología, diseño, ingeniería, investigación teórica, reflexión humanística son muy a menudo rebasadas en las propuestas artísticas contemporáneas.

5) Que si la filosofía natural ha de ser una manera de replantear la pregunta ontológica en el siglo XXI atendiendo a la naturaleza y a la materialidad, esta filosofía no puede proceder al margen de las ciencias y las artes, sino que tendrá que pensarse en un trato directo con aquéllas, como productoras constantes del mundo de la naturaleza y la materialidad. El modo en que la filosofía natural puede fructíferamente lidiar con las artes y las ciencias para replantear la pregunta ontológica tiene que ser inventado todavía sobre la marcha, y eso es precisamente lo que se propone hacer con este proyecto de investigación, dar unos pasos en el camino hacia una filosofía natural.

6) Que la biología de sistemas puede estar relacionada con la filosofía natural dado que en las últimas décadas el estudio de los fenómenos biológicos ha puesto de manifiesto la necesidad de un enfoque integral. Es por ello que la llamada biología de sistemas ha cobrado gran importancia. En dicho enfoque se propone un marco metodológico global en el que diversas disciplinas convergen, incluyendo la modelación matemática y computacional. Como resultado de este acercamiento, se han delineado diversas tendencias.